Entre los tutores es de lo más normal el dialogar con nuestros animales de compañía. Están ahí, a nuestra disposición, nos escuchan sin criticarnos ni pedir explicaciones, nos permiten en muchos caso desahogarnos ya que estamos manteniendo una conversación con alguien de confianza, que a tenor de sus gestos faciales y corporales parece comprendernos, pero ¿nos comprenden en realidad o empatizan con nosotros? y por otro lado ¿cómo pueden afectarles nuestras emociones?

La comunicación interespecie

La comunicación es la acción por la que un “emisor” transmite una información muy variada a un receptor, pero además para que podamos decir que existe comunicación entre dos individuos el emisor ha de poder cambiar o mantener el comportamiento del receptor a través de la transmisión de su mensaje. Por tanto, aquí aparece una tercera figura muy importante dentro de la comunicación que es el observador, “el observador es esa figura externa que puede detectar cambios predecibles en el comportamiento del receptor en respuesta a señales del actor” [Wilson, 1975].

Cuando como tutores de un animal de compañía iniciamos el diálogo con él, o por otro lado actuamos como observadores de un momento comunicativo, podemos llegar a observar que la mencionada comunicación no solo está transmitiendo unas señales manifiestas, claras, básicas sobre ciertas necesidades específicas “con el fin de satisfacer o promover la cohesión del grupo” [Vauclair, 1996], sino que también e involuntariamente trasladamos en la comunicación “otro mensaje” encubierto, menos perceptible desde el punto de vista consciente para el humano, pero que por ejemplo nuestros animales de compañía perciben y decodifican a la perfección, me estoy refiriendo a las emociones

El sesgo humano en la comunicación

El humano es un animal muy influido por las emociones y sentimientos que subyacen de estas, así como sus razonamientos, de alguna forma esta es la pena o tributo que tenemos que pagar por nuestra evolución y desarrollo mental, frente a otros animales no humanos. El ser humano de la misma forma que el resto de animales está dotado de las cualidades psicológicas que permiten experimentar y percibir las sensaciones displacenteras, así como las placenteras que serán recordadas asociadas a emociones y situaciones positivas, mediante el circuito de recompensa presente en todos los animales humanos y no humanos. Lamentablemente el humano por sus características psicológicas también puede influir emocionalmente en otros animales, esto normalmente sucede durante los momentos relacionales y comunicativos a través del contagio emocional, dirigido a través de la cualidades psicológicas básicas del “afecto y la empatía”. En muchas ocasiones nuestro sesgo evolutivo emocional y perceptivo lo desplaza del verdadero sentir de los animales, otorgándoles y asignándoles comportamientos y emociones diferentes a lo que los que realmente están sintiendo en un momento determinado.

Las emociones se podrían definir como las reacciones o respuestas cognitivas, fisiológicas y motoras a ciertos estímulos producidos por un objeto, sujeto, lugar, suceso o recuerdo, con el resultado de establecer o potenciar una conducta apropiada por medio de sensaciones objetivas [Miquel Llorente. La vida emocional de los animales. 2022].

Por tanto, podemos decir con toda seguridad que nuestros animales de compañía no solo reaccionan físicamente como mirándonos a los ojos o utilizando su lenguaje corporal,  sino también hacen uso de su empatía y contagio emocional percibiendo nuestras emociones.

Emociones, empatía y contagio emocional

Tenemos que comprender que “muchos animales no humanos y casi todos los mamíferos experimentan emociones principalmente de la misma manera que los humanos” [Panksepp.1998] muchas de nuestras emociones son compartidas con otros animales no humanos como el miedo, el enfado o la rabia, de la misma forma pueden sufrir frustraciones, sabremos cómo son afectados por ellas a través de las capacidades receptivas que también compartimos y por tanto como una emoción puede afectar al estado de bienestar de un animal. 

Los animales no humanos pueden llegar a saber cómo nos sentimos a través de la “sensibilidad”, capacidad que les otorga la naturaleza y que les permite experimentar estados placenteros o aversivos y que son mostrados a través de gestos corporales y faciales reconocibles (AnimalFacs).

Pero, ¿cómo podemos afectar a nuestros animales de compañía con nuestras emociones? Hemos comentado antes que una de las cualidades con las que cuentan los animales para llevar adelante sus relaciones es la empatía, la empatía es “experimentar el mismo estado afectivo que el de otro individuo” [Vignemont y Singer. 2006],  o, dicho de otra forma, la empatía confiere la capacidad de contagiarse de un estado emocional y a la vez que puede provocarlo en el sujeto con el que se está comunicando.

Relación y Vínculo de Apego

El perro lleva a sus espaldas una larga historia de domesticación donde los humanos hemos tenido un papel  muy importante de forma constante a lo largo de este proceso, esto ha propiciado la aparición de una relación única en la que los perros forman grupos sociales con nosotros llamada vínculo de apego, característica que les confiere un gran éxito a la hora de compartir y comunicarse con los humanos. La naturaleza biológica gregaria del perro le confiere a este unas cualidades hiper empáticas con el humano, afectivas y emocionales contagiosas. El apego, desde un punto de vista etológico, es un sistema comportamental que regula una relación afectiva entre dos individuos, en la que uno trata de mantenerse cerca del otro, al que necesita como referencia (base segura), a tenor de lo comentado anteriormente se deduce la importancia del equilibrio emocional en el contacto y la comunicación con el fin de preservar la calidad de vida de nuestros animales de compañía. 

A modo de resumen, podemos decir que las bases de la  relación con los perros es el vínculo de apego. Si lo pensamos detenidamente y actuamos en consecuencia, nuestra relación también debe de asentarse en una comunicación honesta con un adecuado equilibrio emocional, por motivos de su capacidad de contagio. Si somos conscientes de que el estado emocional en el que nos encontramos no es el que queremos trasladar a nuestros animales de compañía, podemos seguir una regla básica:Si no queremos nada en particular, lo mejor que podemos hacer es guardar silencio”.

 

Manuel Villar
Director técnico